Silencio roto: La verdad de una madre

ABC 20/20 / 12 de febrero de 2016
Fuente: Silence Broken. A Mother's Reckoning


El 12 de febrero de 2016, la cadena de televisión ABC emitió una edición especial de su programa 20/20 que contó con la participación de la madre de Dylan Klebold. Durante el episodio titulado “Silencio roto. La verdad de una madre”, la periodista Diane Sawyer entrevistó por primera vez en televisión a Susan Klebold.

El especial fue seguido por un total de 7.2 millones de espectadores, convirtiéndose en lo más visto de su franja horaria (10 PM) y siendo la emisión del programa 20/20 con mejores datos de audiencia de los últimos tres meses. A continuación se incluyen las seis secciones en que se dividió el episodio junto con transcripciones de las mismas en español.

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Introducción.

Hoy hablará la madre de un asesino. Su hijo fue uno de los perpetradores del ataque en el instituto Columbine hace casi dos décadas. Durante todos estos años, especialmente las familias de las víctimas, se han hecho estas preguntas urgentes y angustiosas. ¿Podrían estos padres haber evitado que la masacre tuviera lugar? ¿Qué pasaron por alto? ¿Son padres como nosotros?

Sue Klebold ha escrito un libro llamado “A Mother’s Reckoning”, cuyos beneficios se destinarán a la investigación en salud mental. Teniendo en cuenta las recomendaciones de diferentes expertos, vamos a ser muy selectivos respecto a lo que mostraremos del tiroteo y de los agresores. Especialmente ahora cuando, una y otra vez, nos despertamos con la noticia de que otro más ha tenido lugar.

Pero antes de Sandy Hook y Virginia Tech, todo pareció comenzar con Columbine.

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Parte 1: Sue explica por qué está dando un paso al frente.

1999, una auténtica conmoción sacude Estados Unidos. Dos estudiantes de instituto vestidos con gabardinas y armados con escopetas, pistolas semiautomáticas y bombas caseras acuden a su instituto y comienzan a masacrar a sus compañeros, quienes estaban sentados en la hierba tomando el almuerzo o escondiéndose debajo de las mesas sin ningún tipo de defensa ante el terror.

Trece son asesinados. Veinticuatro quedan heridos. Por primera vez vemos imágenes de estudiantes que salen corriendo de su instituto huyendo del caos. Por primera vez vemos a un estudiante herido intentando salir por una de las ventanas de su instituto para salvar su vida. Y durante los años siguientes nos estaremos haciendo las mismas preguntas. ¿Quiénes eran estos asesinos? ¿Qué tipo de padres podrían tener hijos como estos?

Durante diecisiete años, los padres de Dylan Klebold y Eric Harris se han mantenido en silencio. Reticentes a darse a conocer. Hasta que una mujer de pelo gris se abre paso hasta la habitación. Durante el transcurso del día, en un momento dado, la vemos caminar de un lado a otro. Quizá dandole vueltas a su decisión de dar un paso al frente tras todos estos años escondiéndose de las cámaras. Años de ser odiada y amenazada, dice, asustada y avergonzada.

Sue Klebold tiene 66 años a día de hoy.

Diane Sawyer: En lo que respecta a las familias de las trece personas que murieron y las veinticuatro que fueron heridas, la mayoría menores, ¿qué es lo que querrías decirles?

Sue Klebold: Lo primero que quiero decir, por supuesto, es que siento mucho lo que hizo mi hijo. Pero sé que decir “lo siento” es una respuesta insuficiente ante todo su sufrimiento. No pasa un día en el que no piense en toda la que gente a la que Dylan lastimó.

Diane: ¿Usas la palabra “lastimar”?

Sue: Creo que decir “lastimar” en lugar de “matar” es mas fácil para mí. Y aún así me resulta difícil, después de todo este tiempo.

Diane: ¿Tiene algo que ver con alguna necesidad de negarse a aceptar lo sucedido?

Sue: No lo sé. Quizá… Quizá. Es muy duro sobrellevar el hecho de que alguien a quien quisiste y criaste ha matado brutalmente y de una forma tan horrible a otras personas. Los últimos momentos de su vida estuvieron llenos de violencia. Fue cruel y estaba lleno de odio, y eso tengo que reconocerlo. Recuerdo estar sentada y leer sobre ellos, todos esos chicos y el profesor… Y yo pensaba, ¿cómo me sentiría si hubiera sido al revés y si uno de sus hijos hubiera disparado al mío? Me habría sentido exactamente como ellos se sintieron, sé que habría sido así.

Diane: ¿Y qué hay de todos los padres que dijeron: “Yo lo habría sabido”?

Sue: Antes de que tuviera lugar Columbine, yo habría sido uno de esos padres. Pienso que nos gusta creer que nuestro amor y nuestra comprensión son protectores, y que si algo fuera mal con nuestros hijos lo sabríamos. Pero yo no lo supe. Y no fui capaz de evitar que hiriera a otras personas ni fui capaz de evitar que se hiriera a sí mismo. Y es muy difícil vivir con ello.

Diane: Lo llamabais el “chico sol”

Sue: Sí, cuando era pequeño. Tenía un montón de pelo dorado, siempre grueso y redondeado y siempre fue un niño feliz, espléndido y precoz.

Parece estar atrapada en una contradicción, el hijo que tuvo y el asesino en el que se convirtió. Ha escrito un libro llamado “A Mother’s Reckoning” que incluye, según ella, todas las lecciones de su arrepentimiento, que comenzaron el día en que se despertó como una esposa y madre corriente para convertirse, veinticuatro horas más tarde, en la madre de un pistolero trastornado por el odio.

El 20 de abril se encontraba en su oficina, donde trabajaba ayudando a estudiantes con discapacidades. Justo después del mediodía a las 12:05, su marido Tom, un geofísico que trabajaba desde casa, la llamó para avisarle de una emergencia.

Sue: Su voz sonaba horrible, abrupta, jadeante.

Algo terrible estaba sucediendo en el instituto. Tom le cuenta que dos asesinos vestidos con gabardinas están disparando a los estudiantes en el instituto Columbine. Uno de los amigos de Dylan lo ha llamado preocupado de que Dylan pudiera estar involucrado ya que no había acudido a clase esa mañana y solía llevar gabardina. Tom corre por toda la casa con la esperanza de encontrarla. Pero no lo consigue.

Sue: Siempre piensas que alguien puede haberse equivocado. Mi primer pensamiento fue que Dylan podía estar en peligro. ¿Quiénes son estas personas que están hiriendo a otras?

Sue conduce 40 kilómetros hasta su casa sin parar de darle vueltas en su cabeza a la situación. Cuando llega allí ya es oficial, se cree que su hijo Dylan es uno de los atacantes y puede que el tiroteo no haya terminado todavía. En ese momento realiza una plegaria que ningún padre se podría imaginar hacer.

Sue: La policía estaba allí y los helicópteros daban vueltas sobre nosotros. Y recuerdo pensar: “Si esto es verdad, si Dylan está hiriendo a personas, tiene que detenerse de algún modo”. Y en ese momento recé por que muriera, “Dios, detén esto, haz que pare. No dejes que le haga daño a nadie”.

Y su misión comenzó, volviendo atrás y analizando cada año de su vida con lupa. Buscando el camino que llevó a su hijo a empeorar y todas las pistas que se le escaparon.

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Parte 2: Sue recuerda cómo era su hijo Dylan en casa.

Mira todas estas fotografías escolares. ¿Puedes adivinar quiénes terminarán atacando centros educativos? Solo 1/3 proceden de familias monoparentales, casi la mitad de ellos tendrán buen rendimiento académico. El 73% nunca habrán sido detenidos antes del ataque. Y aun así, todos los niños que ven aquí se convertirán en tiradores de instituto, asesinando a un total de 67 personas. El niño de esta fotografía es Dylan Klebold.

En su libro, su madre escribe que era “tímido, agradable, con padre implicados que lo acostaban con cuentos, oraciones y abrazos”. Los Klebold, la familia que vivía en esta casa en la ladera de las Montañas Rocosas, habían puesto a hijos los nombres de dos poetas famosos. Sue Klebold llamaba a Dylan su “centavo brillante”, acudía a clases para niños dotados, le encantaba la Little League, daba grandes besos y abrazos y construía altos barcos con piezas Lego.

Sue: No armaba un único rompecabezas, sino que mezclaba las piezas de varios para poder resolver cinco o seis a la vez.

Sue Klebold dice que se avergonzaba fácilmente, era muy duro consigo mismo y acababa al borde de las lágrimas si cometía algún error. Se volvió más tímido al llegar a la adolescencia.

Diane: ¿Habló de su extraño aspecto?

Sue: Era un chico alto y desgarbado con gafas.

Pero tenía amigos, acudía a fiestas y jugaba a los bolos los viernes por la noche. Algunos de sus amigos decidieron diferenciarse de los atletas comprándose largos abrigos negros.

Diane: ¿No te preguntaste por qué quería una gabardina? ¿De qué iba todo eso?

Sue: Bueno, yo también fui una de esas chicas a las que les gustaba tener un aspecto diferente. Es decir, era una estudiante de arte.

Pero sí se da cuenta de algo, Dylan parece estar perdiendo el interés en obtener buenas calificaciones. Monta su propio ordenador, pasa más tiempo a solas en su habitación y algunas veces está malhumorado e irritable. Pero ahora, mientras echa la vista atrás, se da cuenta de que cometió un gran error. Su hijo está cambiando pero ella no le da importancia a estos cambios a los que hace frente un adolescente.

Sue: Algunas veces parecía distante o callado. Y recuerdo preguntarle: “¿Estás seguro de que estás bien? Pareces muy cansado”. Y él se levantaba y decía “Tengo muchos deberes, necesito irme a la cama”.

Diane: Y lo dejabas pasar.

Sue: Y lo dejaba pasar. Y esa es la diferencia. Si eso sucediera hoy en día continuaría indagando. Tenía la ilusión de que todo iba bien, antes que nada, porque mi amor hacia él era muy fuerte. Pensaba que era una buena madre y que me podía hablar de cualquier cosa. Parte de la conmoción de todo esto fue darme cuenta de que lo que creía sobre cómo vivía y cómo lo había criado no era más que una invención en mi propia mente.

Dice que espera que otros padres que vean el programa puedan pensar en lo que sus hijos podrían estar ocultando. En el verano del segundo año de instituto de Dylan, dos años antes de Columbine, Sue escribe en su diario: “Ha sido un verano feliz. Dylan se está divirtiendo y pasando grandes momentos con sus amigos”.

No tiene ni idea de que su hijo de 15 años también ha comenzado su propio diario, y en su primera entrada escribe sobre “pensar en el suicidio”. “ODIO mi vida, quiero morirme”. “Tengo: una buena familia, una buena casa, un par de buenos amigos. Sin chicas, nadie me acepta aunque quiero ser aceptado”. Escucha la canción “Hurt” de Nine Inch Nails mientras escribe una lista de la gente a la que quiere, pero que nunca lo querrán.

Dylan Klebold: Me llamo Dylan.

Puedes verlo en este vídeo, grabado durante su penúltimo año de instituto. Parece cohibido y un poco melancólico, pero habla sobre el futuro y las asignaturas que cursará para poder acudir a la universidad.

Dylan: …conseguir mejores oportunidades después del instituto en lo que respecta a la universidad, quizá una beca.

Estudiante: Vale, déjame que te pregunte esto. ¿Aprendizaje autónomo o aprendizaje cooperativo?

Dylan: Autónomo, probablemente.

Pero en este momento queremos ser muy claros, entre el 80 y el 90% de las depresiones pueden ser tratadas. Y ni siquiera la depresión suicida supone una explicación o un camino a la violencia. El Dr. Gregory Fritz, presidente de la Asociación Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente, quiere avisar a los padres de que la depresión suicida es real y puede afectar a cualquier adolescente en cualquier lugar.

Gregory Fritz: Entre el 15 y 20% de los estudiantes de instituto dicen que han pensado en el suicidio a lo largo del último año.

Repetimos, entre el 15 y el 20% de los adolescentes han considerado seriamente suicidarse. Eso equivale a un niño de cada aula estadounidense. Cada 95 minutos, un joven se quita la vida. Fritz dice que muchos padres cariñosos pueden pasar por alto algo importante, seguros de que los cambios son solo una fase.

Dr. Fritz: Como padre también he sentido eso. Las buenas noticias son que a menudo solo se trata de una fase, pero pueden traer consigo puntos ciegos.

En Internet, cientos de chicos hacen confesiones secretas. Una adolescente que parece sonreír dice que siente “una eterna tristeza”. El chico estrella del instituto cuenta cómo los adolescentes saben ocultar la depresión mejor que los adultos por miedo al estigma.

Kevin Breel: Si echas un vistazo a mi vida, ves a un chico que era el capitán del equipo de baloncesto, regularmente en el cuadro de honor y acudiendo a fiestas. Dirías que no era suicida, pero no te estarías equivocando.

Pero hace más de diecisiete años, Sue Klebold dice que sabía muy poco sobre la depresión en los adolescentes, y pensaba que el gran problema en su casa era el uso de drogas de su hijo mayor.

Diane: ¿Estuviste distraída?

Sue: Por supuesto, somos humanos, todos tenemos cosas que nos distraen. Pero no se podría decir que estaba demasiado ocupada como para no darme cuenta de que mi hijo se estaba derrumbando.

Y dirigiéndose hacia un camino de destrucción.

Diane: ¿Podrías haber prevenido lo que sucedió en Columbine?

Sue: Si hubiese reconocido que Dylan estaba sufriendo una aflicción mental real, le habría proporcionado ayuda. Y con esto no quiero insinuar, ni por un momento, que no soy consciente del hecho de que fue un asesino, porque sí lo soy.

Un año y medio antes de la masacre de Columbine su hijo es estudiante de penúltimo curso cuando se producen una serie de sucesos alarmantes. Accede ilegalmente al sistema de ordenadores del instituto junto con unos amigos y son suspendidos por tres días. Raya la taquilla de un chico que cree que se burla de él. Y lo más impactante, el mismo día en que lo graban en vídeo hablando de su futuro, él y otro chico roban material electrónico de una furgoneta y son arrestados por la policía.

Diane: Eso son dos delitos.

Sue: Fue terrible. Y en aquel momento pensé que era lo peor que me podría pasar.

La fría reacción de Dylan tras el arresto, como si no hubiera hecho nada mal, la asustó y la conmocionó. Sue le sermoneó, intentando que razonara.

Sue: Incluso hablé de los Diez Mandamientos, le dije que robar estaba mal, que no era algo aceptable bajo ninguna circunstancia. Luego reaccionamos como lo harían la mayoría de padres y le quitamos sus privilegios.

Sue dice que muchos días Dylan era afectuoso, planeaba su futuro y enviaba solicitudes a las universidades. No sabía que estaba escribiendo en su diario cuánto quería conseguir una pistola para “usarla con un pobre hijo de puta”, él mismo.

Una noche, Sue está frustrada, Dylan no está haciendo sus tareas domésticas y está retraído. Piensa que necesita más disciplina, así que lo sujeta contra el frigorífico.

Sue: Y le dije: “Tienes que dejar de pensar en ti mismo, tienes que dejar de ser tan egoísta”. Le di un sermón de madre y luego añadí: “Y por cierto, hoy es el Día de la Madre y se te ha olvidado”. Y no recuerdo cómo terminó esa confrontación, solo recuerdo que me dijo en voz baja: “Mamá, por favor, no me empujes, no se cuánto puedo controlarme”. No fue algo alarmante, solo fue su forma amable de decirme: “Suéltame, por favor”.

Dice que se culpa a sí misma por ir demasiado lejos.

Sue: Y luego salió y me compró un regalo. Una pequeña regadera con violetas africanas en su interior. Y pensé que todo estaba bien porque era tan dulce

Y no podemos continuar con su camino para convertirse en un asesino múltiple sin volver a otra pequeña cara de la fotografía escolar. El amigo que asaltó la furgoneta junto a él, Eric Harris.

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Parte 3: Qué le sucedió a Dylan con el paso del tiempo.

¿Hay algo que pudiera haber detenido la masacre de Columbine? Estudiamos las piezas de un puzzle, pistas sobre dos chicos, una amistad fatal y un destino convergente.

Sue: No podía creer que alguien como Dylan pudiera hacer daño a otras personas intencionadamente. Era impensable que pudiera hacer algo así.

Os presentamos a Mary Ellen O’Toole, ex agente del FBI y una de las principales criminólogas a nivel mundial que ha analizado cientos de páginas de pruebas relacionadas con Columbine y Dylan Klebold. 

Mary Ellen O’Toole: Creo que no siempre fue un joven violento, sino que fue evolucionando con el paso del tiempo. 

Diane: No crees que a los tiradores de instituto simplemente les llega un día en que se les cruzan los cables.

O’Toole: No, en absoluto. Nunca he visto ningún caso en que haya sucedido eso. Creo que tenía una amistad muy perjudicial, lo que es muy influyente, quizá incluso más influyente de lo que pensamos.

Lo que nos lleva a otra casa y a otros padres involucrados. Un amigo de la familia dijo que Wayne Harris, piloto retirado, era un padre sacado de “Leave it to Beaver”.

Sue: Por supuesto que conocí a sus padres, no habríamos permitido que nuestros hijos jugaran con alguien a cuyos padres no conociéramos o en cuya casa no hubiésemos estado.

Su hijo Eric había sido compañero de Dylan desde séptimo curso. Nadie sabía que él también había comenzado un diario secreto, lleno de amenazas malvadas, fantasías gráficas de venganza contra gente que lo había insultado, gente envuelta en llamas y cabezas decapitadas. Según O’Toole, las divagaciones crueles de Eric son un síntoma de trastorno de personalidad. Muestra la fanfarronería de un psicópata llamando a sus escritos “El libro Dios”.

O’Toole: Son personas sin conciencia, sin empatía ni remordimientos.

Pero, ¿son Eric Harris y Dylan Klebold realmente diferentes? Otro experto en Columbine, el Dr. Peter Langman, insiste en que sí lo son.

Dr: Langman: A Eric le gustaba dibujar armas. Dibujó esvásticas y escribió sobre los nazis. Dylan dibujó corazones y escribió sobre encontrar el amor verdadero. Eric escribió sobre sus fantasías de violar chicas.

O’Toole: Un verdadero psicópata se comporta de manera increíblemente encantadora, es manipulador y cautivador.

Eric escribe sobre su facilidad de llevar una doble vida. Aquí lo escuchamos en los tribunales, tras el incidente de la furgoneta, hablando con mucho respeto a un juez.

Juez Devita: ¿Qué tipo de calificaciones obtienes?

Eric Harris: As y Bs, Su Señoría.

Juez Devita: ¿Cuál es tu toque de queda?

Eric Harris: 22:00 durante los fines de semana y 18:00 los días de entre semana.

Los tribunales sentenciaron a los chicos con benevolencia: un año de terapia y servicio comunitario. Otra madre le había dicho a Sue Klebold que Eric Harris era propenso a tener ataques de ira, pero Sue piensa que está exagerando puesto que Eric es muy educado cuando ella está presente.

Y, al igual que muchos otros chicos, Eric y Dylan juegan a videojuegos como “Doom”, les gustan las películas violentas y realizan las suyas propias para probar cómo es ser tipos duros. En estas imágenes simulan ser agentes del gobierno con la misión de salvar el mundo. Eric dice sus líneas con fluidez pero Dylan se traba y la grabación se para.

Pero hay algo en relación a ambos que también aparece en la investigación de otros atacantes de instituto. El 85% son chicos adolescentes y muchos de ellos se sienten rechazados por las chicas. Los expertos apuntan hacia una crisis de masculinidad durante la pubertad, y la solución que encuentran.

Dr. Langman: En muchas películas y videojuegos puedes coger una pistola e inmediatamente tienes poder.

Eric escribe: “Todos se burlan siempre de mí por mi aspecto, por lo débil que soy. ¡Armas! ¡Necesito armas!”. Dylan también pide una.

Sue: Una vez me preguntó si le compraría un arma y le dije que no.

Diane: ¿Qué tipo de normas teníais en casa respecto a las armas?

Sue: No teníamos ningún arma de fuego en casa.

Pero es posible que tu hijo esté ocultando un arma o un diario suicida. Sue Klebold dice que solía revisar su habitación durante su penúltimo curso, pero durante el último año de instituto decidió respetar su privacidad. Desde la distancia y lamentándolo, ahora se da cuenta de lo errónea que fue esa decisión.

Diane: ¿Registrarías su habitación ahora?

Sue: Lo haría. Lo haría si su vida dependiera de ello, y lo haría con amor. Pero haciendo algo así estamos violando la privacidad.

O’Toole: ¿Quién pone las normas? Si esa habitación, de la que estás pagando la hipoteca, queda aislada y no puedes entrar en ella, tienes un problema. ¿Significa eso que tus hijos van a salir y cometer asesinatos en masa? No necesariamente. Pero tienes que saber y entender qué está sucediendo.

Los chicos ya estaban consiguiendo armas y escondiéndolas. Un amiga y compañera del instituto, con la edad suficiente para comprarlas legalmente, les consiguió tres en una feria de armas. Consiguieron la última de un vendedor privado y practicaron con ellas en las montañas.

Eric Harris escribió: “¡Tenemos ARMAS! Me siento más como un dios” mientras que Dylan Klebold escribe que ahora tiene una alternativa: suicidarse o llevar a cabo “NBK” con Eric. NBK, Natural Born Killers, la violenta película sobre venganza de Oliver Stone. Lo que nos lleva a la pregunta central sobre Dylan Klebold, ¿por qué pasó de ser un suicida a un homicida?, ¿lo infectó Eric con algún tipo de virus patológico?, ¿o fue la presencia de Dylan la que reforzó las fantasías violentas de Eric?

Hemos hablado con científicos de todo el país que estudian cómo los pensamientos violentos pueden modificar el cerebro aún en fase de desarrollo de un adolescente, pero Mary Ellen O’Toole dice que todo lo que sabemos ahora es que Dylan se encontraba profundamente trastornado.

O’Toole: Y era más que una simple depresión.

Diane: ¿Piensas que Dylan Klebold lo reconoció? 

O’Toole: Sí, absolutamente. Pero eso no lo excluyó de ser capaz de participar en la planificación, de seguir adelante ni de disfrutar las preparaciones y el llevarlo a cabo.

Diane: Creo que todos pueden aceptar que era depresivo. ¿Piensas que también pudo haber tenido otro trastorno mental?

Sue: Tal vez, creo que es posible, pero no puedo decirte de que se habría tratado.

Diane: ¿Crees en el mal?

Sue: Creo que no.

O’Toole: El mal es un término espiritual y no tiene ningún significado legal o conductual, así que me mantengo alejada de él.

El reloj continúa haciendo tictac, ya solo quedan dos meses y medio para la masacre. Una madre se preocupa por su hijo retraído, pero se tranquiliza cuando lo dejan terminar su servicio comunitario con antelación junto a una muy buena evaluación sobre su brillante futuro.

Sue: Es un buen chico, no necesitas preocuparte de Dylan.

Un mes antes de la masacre se produce la última señal de aviso. Dylan Klebold escribe una historia para su clase de lengua en la que un hombre con su mismo aspecto dispara a los estudiantes. La profesora llamó a sus padres. 

Sue: Dijo que contenía palabrotas y luego nos dijo que se la enseñaría al orientador del instituto para saber su opinión. Así que le dije: “De modo que nos llamarás si crees que hay algún problema” y me respondió que eso es lo que haría. Pero nunca nos llamó.

Diane: ¿Por qué no exigiste ver la redacción que había preocupado lo suficiente a la profesora como para enviársela al orientador?.

Sue dice que se la pidieron a Dylan en dos ocasiones, pero les dijo que no la tenía y lo dejaron pasar.

Sue: No comprendí la seriedad de esa redacción, ninguno de nosotros lo hizo en aquel momento.

Nos pusimos en contacto con el orientador escolar, actualmente jubilado, que leyó la historia. Nos dijo que, en un mundo pre Columbine, no la vio como una amenaza.

Diane: ¿No fue una señal de alarma?

O’Toole: No es una señal de alarma indicativa de que alguien se vaya a volver violento, pero sí es lo suficientemente importante como para decir: “Vamos a echar un vistazo a este joven”.

O’Toole dice que si todos hubieran echado un vistazo, se habrían sorprendido ante lo que veían. Resulta que el jefe de la pizzería en la que Dylan trabajaba había visto a los dos chicos probando una bomba de tubo. Eric estaba en terapia, pero su psicólogo aparentemente no se dio cuenta de su plan homicida. Y lo más sorprendente de todo, la policía sabía que Eric tenía una página web llena de amenazas avisados por unos padres atemorizados. La policía comenzó a redactar una orden de registro pero, pensando que no tenían suficiente información, no hicieron nada.

Tras Columbine, se desarrollarían nuevos sistemas para poder ver el panorama general, pero hace diecisiete años, dos conjuntos de padres, profesores, el jefe de la pizzería, orientadores, doctores y la policía tenían en su poder diferentes piezas del puzzle, pero nadie las juntó.

Diane: Y si os preguntáis por qué no habéis sabido nada de Tom, el marido de Sue Klebold, es porque se han divorciado tras treinta años de matrimonio, llevados en diferentes direcciones por la pena y el dolor, y él ha decidido no hablar públicamente.

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Parte 4: Cuando Sue aceptó la implicación de su hijo.

El fin de semana anterior a Columbine, Dylan Klebold accede a los deseos de su madre y acude al baile de graduación junto a una compañera, la misma chica que compró tres de las armas. Pasará la noche vestido con su esmoquin, consciente de que cuatro días después se volverá a preparar para acudir armado al instituto con la intención de matar y morir, según la autopsia, suicidándose.

Diane: 20 de abril…

Sue: Todos nos levantamos muy temprano. Lo escuché bajar las escaleras dando fuertes pisadas, pasar por delante de la puerta de nuestro dormitorio y salir de manera rápida y ruidosa por la puerta, como si llegara tarde. Y le grité: “¿Dyl?”, y el gritó: “Adiós” y cerró de un portazo.

Diane: Has dicho que sonó tenso, cortante, desagradable

Sue: Sí, así fue.

Su marido Tom dice que hablará con Dylan cuando vuelva a casa.

[Fragmentos de noticias sobre la masacre]

Los Klebold huyen de su casa, viviendo como nómadas desesperados. La agonía surrealista de incinerar a su hijo, la agonía de los funerales de sus víctimas. En su diario Sue escribe sobre su preocupación de perder la cordura. Después de varias semanas regresa al trabajo.

Sue: Encendía la radio y escuchaba a la gente hablar de mí y decir que era una persona asquerosa.

Lo que la salvó fueron los amigos que aún creían en ellos. Mientras permanecían recluidos sus vecinos colgaron un cartel en la entrada de su casa: “Sue y Tom, os queremos y estamos aquí para vosotros, llamadnos”. Sus compañeros de trabajo también la ayudaron a camuflar su presencia quitando el letrero de su puerta.

Diane: Pero podrías haberte escapado y cambiado el nombre.

Sue: Lo pensé, pero al final me di cuenta de que no puedo huir de esto. Cambiarme el nombre y mudarme no me permite dejar esto detrás.

Durante meses y meses, en su mente estuvo buscando alguna forma para negar la verdad. Quizá Dylan estaba usando drogas, quizá lo obligaron a participar. Se puso en contacto con las familias de las víctimas escribiéndoles cartas, pero describiendo el incidente como un “momento de locura”.

Sue: Creía que había sido un momento de locura, creía que fue algo impulsivo que sucedió de repente.

Pero seis meses después de Columbine, su negación se hace añicos. Los Klebold reciben una llamada del investigador jefe del caso, lo que los hará enfrentarse cara a cara con la inevitable verdad de las pruebas. Dylan participó en meses de planificación, en la compra de las armas y en la construcción de 99 artefactos explosivos, la mayoría de los cuales no llegaron a explotar, pero que tenían como propósito matar a cientos y cientos de personas. Y allí estaba, en las cintas de vídeo, grabadas como una especie de cuenta atrás hasta el ataque. Un retorcido manifiesto de su odio de más de tres horas.

Sue: Fue horrible ver esas cintas. Se los veía tratando de aparentar, haciéndose los duros, hablaban de todas las cosas horribles que planeaban hacer. Recuerdo que me tuve que poner en pie en un determinado momento, porque pensaba que iba a vomitar y que tendría que salir corriendo de la sala.

Se obligó a afrontar cada uno de los disparos sin piedad que realizó su hijo y decidió incluirlo en su libro.

Sue: Intenté ser tan sincera como pude en relación a eso. No quería que fuese gráfico pero quería que fuera honesto. Porque desde mi perspectiva de madre hay una tendencia a intentar suavizar todas las cosas horribles que hizo.

Pero como ya hemos dicho, vive en el alivio de esa contradicción. Dice: “Vi el resultado del trabajo de mi vida, había creado un monstruo”. Pero aún así, en su interior, el amor de una madre por el hijo que perdió. Escuchó sus últimas palabras en las cintas, en las que dice: “Hey mamá, me tengo que ir…”

Diane: “…Tan sólo quiero pediros disculpas por cualquier mierda que esto os pueda provocar. Sólo sé que me voy a un lugar mejor. Adiós”.

Sue: Dijo “mamá”. Solo el hecho de que lo dijera significa mucho para mí.

Las cintas nunca se hicieron públicas y se ha dicho que han sido destruidas.

Sue escribió en su diario: “Solo quiero morirme”. Dos años después es diagnosticada con cáncer de mama. Durante el tratamiento algo la hizo querer seguir viviendo e intentar convertir el horror en una causa.

Sue: Llegas a un punto en el que te das cuenta de que no puedes quedarte en ese nivel de intensidad, que tienes que tomarte un descanso. Yo no maté a esas personas, lo hizo Dylan, no fui yo.

Y comenzó su investigación para aprender más sobre la violencia, qué pasó por alto, lecciones de su libro.

Sue: El dinero se donará. Quiero asegurarme de dar el dinero a organizaciones de salud mental y de prevención del suicidio. No sé qué más puedo hacer, pero pensé que debía hacer todo lo que me fuera posible.

Habla con los padres de chicos suicidas y depresivos sobre la manera en que le habría gustado actuar, y no descartar o tratar de arreglar todo.

Sue: Escuchas, sin juzgar y sin reaccionar diciendo “Oh Dios mío, no puedes pensar eso, no te puedes estar sintiendo así”.

El Dr. Fritz comienza sacando tiempo para sentarse en silencio y pensar en preguntas no concluyentes para las que no necesitas respuestas.

Dr. Fritz: ¿Cómo ocurrió eso? Te debes haber sentido fatal cuando eso sucedió, yo me habría sentido fatal.

Diane: ¿Y preguntas si se sienten suicidas?

Dr. Fritz: Por supuesto. Si a un padre le preocupa eso deberían preguntarlo.

Diane: ¿No podría ser que así sembraras la idea en su mente?

Dr. Frtiz: He entrevistado a cientos y cientos de chicos que han intentado suicidarse y ninguno dijo: “Oh, alguien me preguntó sobre el suicidio y eso me dio la idea”. Llevaban mucho tiempo pensando en ello antes de que nadie les preguntara, y a menudo les supone un alivio que alguien les pregunte.

Y Sue Klebold también habla con estos otros parias, padres de tiradores de instituto, lo que da pie a una pregunta: ¿Qué hay de los padres de Eric Harris? ¿Los culpa por lo que pasaron por alto?

Sue: No los culpo, ellos no son Eric.

Diane: ¿Has hablado con los Harris últimamente? ¿Quieres hacerlo?

Sue: Hablo con ellos de vez en cuando, pero no me siento capaz de representarlos de ningún modo y quiero asegurarme de proteger su privacidad.

Eso es todo lo que dice. Los Harris no nos devolvieron las llamadas.

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Parte 5: Ataques frustrados e imitadores tras Columbine.

Es agosto de 1966, la televisión estadounidense fija su atención en el estudiante universitario y ex marine Charles Whitman, hijo de un padre agresivo. Sube hasta lo alto de la torre de la Universidad de Texas, mata a tiros a catorce personas y hiere a otras treintaidós antes de ser abatido.

Cuesta creer que, tras Whitman, pasarían otros treinta años antes de que se produjera un ataque en un centro educativo con un número de muertes tan elevado. Especialmente desde que tras Columbine ha habido un constante flujo de ataques. Los cuerpos de seguridad dicen que un total de 50 tiroteos escolares, y ABC Noticias ha estimado que unos 79 planes frustrados. Más de la mitad mencionando Columbine.

O’Toole: Columbine fue un nuevo tipo de tiroteo. Como en una misión militar, vemos uno tras otro, y cada nuevo agresor aprende del anterior, lo que es muy preocupante, no se trata solo de imitadores.

Hemos revisado casos a lo largo de los años y averiguado que el número de jóvenes atacantes al año se ha duplicado desde Columbine. O’Toole dice estar preocupada por una generación criada con la violencia presente en videojuegos y películas. Este estudio concluye que hoy en día, incluso las películas no aptas para menores de 13 años, han triplicado la violencia con armas que solían mostrar comparándolas con las de hace treinta años.

O’Toole: Cuando te fijas en los agresores de hoy en día, muchos de ellos han nacido y crecido en esta cultura violenta, ya sea en películas, libros o redes sociales, sus cerebros están conectados directamente con la violencia.

Diane: ¿Eso es algo que esté documentado?

O’Toole: No, pero creo que muchos de mis compañeros de trabajo tienen el mismo miedo de que esto se haya transformado y cambiado desde Columbine.

Diane: ¿Qué papel crees que desempeña el acceso a las armas?

O’Toole: No puedes llevar a cabo una matanza sin armas, simplemente no puedes.

Y en Estados Unidos, el 68% de los agresores consiguieron sus armas a través de parientes o en sus propias casas.

O’Toole: Por ejemplo, a los japoneses les encantan los videojuegos violentos, compran más que los estadounidenses. Pero no ves que sucedan asesinatos en masa allí.

Dice que es una cultura diferente, pero en Japón también es difícil conseguir un arma. Comparamos las 6 muertes por armas de fuego que se produjeron en Japón durante 2014 con las 33,000 que tuvieron lugar ese mismo año en EEUU.

Pero entonces, ¿qué podemos hacer en lo que respecta a los tiroteos escolares? Mary Ellen O’Toole escribió el manual nacional sobre cómo prevenirlos a través de lo que llamó “evaluación de las amenazas”. Y puesto que 79 de ellos han sido desbaratados, significa que la prevención puede funcionar, pero ¿cómo? En muchos casos son los compañeros de clase que han escuchado algo quienes avisan a las autoridades, quienes trabajan como un equipo para valorar la seriedad de la amenaza. 

Art Miller, jefe de policía de South Pasadena: Hoy podríamos estar teniendo una rueda de prensa muy diferente si este plan se hubiera llevado a cabo.

En otros casos, son completos desconocidos quienes actúan por intuición, como esta dependienta de Longs Drugs, encargada de revelar fotos.

Kelly Bennett: Había bombas de tubo con clavos unidos a ellas con cinta adhesiva.

La policía fue a la casa del chico y encontró un arsenal de armas y explosivos junto con menciones de Columbine. La mayoría de los agresores son chicos, y a menudo los avisos provienen de chicas como Katie.

Katie Prutzman: Es absolutamente aterrador ser la persona que da un paso al frente y da el aviso. ¿Qué habría pasado si no hubiese dicho nada? Tendría que vivir el resto de mi vida sabiendo que yo era igual de culpable por haberme callado.

Agentes de policía como la comisaria Cheryl Newman-Tarwater en Los Ángeles piden ayuda a todo el mundo en esta carrera contrarreloj. Solamente en su departamento tienen treinta y siete casos en desarrollo.

Cheryl Newman-Tarwater: No se trata de que todos se acusen entre ellos, no es eso. Se trata de observar tu entorno y querer que sea tan seguro como sea posible y ayudar a que la gente consiga ayuda si la necesita.

Si la necesitan, como este hombre, que ha decidido dar un paso al frente entre las sombras para hacer un llamamiento. Una vez fue un adolescente depresivo que habló de su plan de venganza contra otros estudiantes, pero algunos de sus compañeros de clase lo delataron. Esta noche nos cuenta lo agradecido que está, por su mujer, su familia, su profesión y su segunda oportunidad.

Anónimo: Por el amor de Dios, pedid ayuda y hablad con alguien. Pueden ser tus padres, el orientador escolar… Si puedo decir algo esta noche, por muy breve que sea, que sirva para ayudar al menos a una sola persona que esté pasando por algo similar a lo que pasé yo, habrá valido la pena.

O’Toole: Cualquiera puede ser la persona que observe el comportamiento pero decida que no serán ellos quienes lo interpreten. La mayoría de las veces no se trata de nada, pero quizá ese atisbo puede ser el que de lugar a otro Columbine.

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Parte 6: Recordando a las víctimas y a los supervivientes.

Sue: Estamos muy cerca de mi antigua casa.

Sue Klebold nos dice que para ella la alegría ahora no es más que un momento sin sufrimiento. Dice que no conoce el sufrimiento de las familias de las víctimas. Durante la semana pasada intentamos ponernos en contacto con cada una de esas familias. Algunas expresaron enfado, como el padre de Daniel Rohrbough, quien dijo que a excepción de la carta que Sue escribió, nunca la ha oído decir que lo siente. No sabemos si nos estará viendo esta noche, pero esto es lo que dijo hace unos años.

Brian Rohrbough: Hay una falsa enseñanza que dice “Perdona a todos, Dios perdona a todo el mundo”. Y no es así. Nunca perdona a los que no se arrepienten.

Patrick Ireland, el chico que escapó por la ventana y que sufrió traumatismo craneal dice que solo quiere olvidar sus nombres y seguir adelante. Pero otras familias nos dijeron que quieren ofrecerle sus oraciones y su gracia.

Rachel Scott fue la primera en morir en Columbine, su familia creó una fundación para enseñar sobre el perdón, porque dicen que esa es la forma en la que Dios fluye a través de nosotros para ayudar a otros. Anne Marie Hochhalter quedó paralizada de cintura para abajo por una de las balas.

Anne Marie Hochhalter: Me di cuenta de que conservar toda esa ira no sirve para nada, solo te hunde.

Tom Mauser lleva las zapatillas de su hijo mientras continua su misión particular en honor a Daniel: luchar por mantener las armas alejadas de los niños y de los criminales. Nos contó que se reunió con Sue Klebold, y que ese encuentro le ayudó a convertir su ira en comprensión.

Y Sue dice que quiere que las familias sepan que está dispuesta a ofrecer cualquier cosa que les pueda ayudar.

Sue: No me quiero obligar a hacerlo, porque esto tiene que servirles a ellos, en su recuperación y en lo que necesiten.

Tantas personas sentenciadas a una vida de aflicción y sin libertad condicional. Tras terminar nuestra entrevista, Sue camina en el exterior, en las laderas de las Montañas Rocosas y nos cuenta que algunas veces se siente atraída por un lugar en el que se encuentra una placa con las siguientes palabras: “Conmocionó a un país… ¿qué hemos aprendido?”. Se trata del Columbine Memorial.

Sue: Cuando estoy allí me siento un poco incómoda, naturalmente. Como si me estuviera colando.

Pero si algún día vas al memorial, quizá veas a una mujer de pelo gris allí sentada, en silencio, sola.

Sue: He pasado bastantes ratos largos allí, pero no voy a menudo. Algunas veces simplemente me siento allí y pienso… Y les digo que lo siento.

2 comentarios:

kurosaki ichigo 19 de febrero de 2016, 5:56  
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Chestnut Rice 20 de diciembre de 2016, 21:19  

Una entrevista muy conmovedora, pero también muy reflexiva.

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Esta página está dedicada a todos aquellos que resultaron heridos o murieron en el tiroteo que tuvo lugar en el instituto Columbine en Littleton, Colorado, el 20 de abril de 1999. Esta web trata sobre los hechos que tuvieron lugar ese día, da una escueta mirada a la realidad de las acciones de Eric Harris y Dylan Klebold y las consecuencias que éstas tuvieron.

Si has llegado aquí buscando información sobre la masacre del instituto Columbine porque estás investigando o simplemente porque quieres saber lo que pasó, sé bienvenido.