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Fallece el carpintero Greg Zanis

Fecha de publicación: 4 de mayo, 2020

La mayoría lo conocía simplemente como “el hombre de las cruces”. Desde pueblos como Newtown en Connecticut, hasta grandes ciudades como Las Vegas, realizó memoriales de madera en recuerdo a las víctimas de tiroteos masivos y otras tragedias a lo largo de dos décadas.

Greg Zanis en 1999 Pero el lunes, 4 de mayo de 2020, fue el propio Greg Zanis, carpintero de 69 años de Aurora, Illinois, a quien se le rindió homenaje tras su muerte causada por un cáncer de vejiga contra el que llevaba tiempo luchando. Su hija Susie anunció su fallecimiento a través de su página de GoFundMe.

Zanis puso en marcha su proyecto Crosses for Losses para rendir tributo a su suegro, que fue asesinado a tiros en 1996, “Me ayudó mucho con mi proceso de duelo”, diría en una entrevista realizada tres años más tarde.

Ganaría notoriedad a nivel nacional en abril de 1999, cuando condujo en su camioneta hasta Littleton, Colorado, para colocar 15 cruces en homenaje de los fallecidos en la masacre que tuvo lugar en el Instituto Columbine. Su decisión de incluir dos cruces en recuerdo de los perpetradores junto a las de sus trece víctimas generó mucha controversia y dividió a la comunidad.

Desde entonces continuaría colocando, no solo cruces (✝), sino también estrellas de David (✡) y medias lunas (☪︎) en lugares como Sandy Hook, Parkland, el sitio donde se solía celebrar el festival Route 91 Harvest o la discoteca Pulse de Orlando.

En diciembre de 2019, tras 27,000 cruces y más de dos décadas, anunció que se retiraba y que transfería su organización a la Caridad de las Iglesias Luteranas, que cuenta con 135 iglesias en 26 estados de Estados Unidos, para que continuaran construyendo y distribuyendo los memoriales.

“Estoy cansado”, dijo entonces. “Sufro mucho cuando hago las cruces. Es muy duro para mí. Es como llevar el peso del mundo sobre mis hombros”.

Zanis acababa de publicar su autobiografía, The Cross Man, y continuaba recibiendo cartas de personas de todo el país. “La gente está muy agradecida y recibo muchas cartas personales. No soy capaz de decirte lo bien que me hacen sentir, siento que realmente he logrado mi misión”.

Relacionado: Las cruces de Columbine

'Tragedia americana', nuevo documental sobre Columbine

Por Tiziana Dearing y Zoë Mitchell / 21 de septiembre de 2019

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Hace veinte años, el 20 de abril de 1999, dos estudiantes de último curso arremetieron contra su instituto, Columbine, y mataron a 13 personas.

Ambos se suicidaron tras la masacre.

Columbine fue el comienzo de un rápido aumento en el número de tiroteos escolares y hubo muchas preguntas tras la matanza, algunas de la cuales cayeron sobre los padres de los agresores. ¿Cómo pudieron no darse cuenta los padres de que sus hijos estaban planeando el ataque? 

El documental American Tragedy (Tragedia americana), que se estrena en el Festival de Cine de Boston, intenta responder algunas de estas preguntas. Traza un perfil de Sue Klebold, la madre de Dylan Klebold, y examina qué lecciones deberían aprender los estadounidenses de la tragedia.



Tiziana Dearing, periodista de Radio Boston, debatió sobre el documental con Sue Klebold y Josh Sabey, director del documental.


Sue Klebold sobre las acusaciones y la culpa:

Durante aquellos primeros meses estaba tan desconcertada y afligida que no sentí ninguna culpa porque simplemente estaba tratando de entender lo que había sucedido, cómo mi hijo había llegado ahí, porque me negaba a aceptar lo ocurrido. El Dylan que yo conocía y quería no haría algo así. Era amable y divertido. No experimenté sentimientos de culpa, sino desconsuelo, humillación y pánico por todo el odio dirigido hacia nosotros.

Unos seis meses después de la tragedia, la oficina del sheriff publicó un informe. Y recuerdo cuando fui a la presentación del mismo. Llevé un cuaderno en el que había anotado muchas preguntas: ¿Cómo había llegado Dylan allí?, ¿Quién lo había convencido para hacerlo?, y lo que me explicaron fue que todo esto había sido planeado, que había participado voluntariamente y que su objetivo era matar a todos los que estuvieran en el instituto. Recuerdo llegar a sentirme mal físicamente en aquella reunión, y hubo un momento en que pensé en si debería salir corriendo de la habitación. Apenas podía soportar lo que estaba escuchando. Fue una conmoción que me tiró abajo todo aquello a lo que me estaba aferrando y me hizo volver a iniciar el proceso de duelo de nuevo, porque la gente había estado diciendo que mi hijo era un monstruo durante meses y por primera vez realmente entendí lo horroroso que era todo.

Sue Klebold sobre la reflexion y las lecciones de Columbine:

Creo que a lo largo de 20 años ha habido más lecciones de las que puedo contar. Una de las más importantes que espero que hayamos aprendido o que estemos empezando a aprender tras la tragedia de Columbine fue la cobertura de las noticias 24/7. Sin saberlo, introdujeron y en cierto modo consolidaron Columbine en nuestra consciencia como un gesto simbólico del bien y el mal, y no se trata de algo tan simple, cuando algo así sucede es porque muchas cosas convergen.

Definitivamente, a lo largo de los años he aprendido que para entender cómo una tragedia de este tipo llega a suceder, nunca podemos decir que es por una sola cosa. No es por el acoso escolar, los videojuegos o los medicamentos psiquiátricos. Nunca es solo una cosa. No tenemos que ser capaces de predecir quién va a cometer algún tipo de acto violento, pero sí que podemos prevenir – por ejemplo, hemos aprendido que los tiradores escolares son suicidas muy a menudo – como mi propio hijo. Tras su muerte descubrí que tenía sentimientos suicidas y que escribía sobre ello. Si hubiéramos podido haber abordado su propensión al suicidio, de veras creo que podríamos haber prevenido su implicación en la tragedia, al menos.

Josh Sabey sobre reflexiones y lecciones de Columbine:

Creo que la historia de Sue es particularmente interesante en este sentido, porque la pilló completamente por sorpresa. Estaba tan sorprendida como todos nosotros. Ha revisado el pasado, ha hablado sobre recordar cada posible interacción que recuerda, intentando encontrar algo y ha descubierto algunas cosas. Descubrió que su hijo era depresivo y que tenía fuertes sentimientos suicidas. Quizá lo que es tan sorprendente es que no hubo nada obvio, ninguna señal evidente de la que pudiera haberse percatado. Así que la pregunta del documental se convierte en ¿cómo se puede parar algo que es tan invisible a menudo?

Foto de Sue Klebold
Sue Klebold
Josh Sabey sobre la salud mental:

Creo que nos interesó este tema. No sabíamos las respuestas que íbamos a conseguir. Mucha gente tiene miedo de que su hijo pueda ser un tirador escolar, es una posibilidad muy pequeña. Como lo es el que tus hijos experimenten un tiroteo escolar. Pero hay una probabilidad muy grande de que tengan que hacer frente a algo como la depresión y la ansiedad.

Estas son las cosas sobre las que de verdad podemos hacer algo y a menudo prevenir si empezamos lo suficientemente pronto. Ahora mismo todas nuestros recursos están yendo a tratamientos. Alguien podría desarrollar, de forma casi invisible – como Dylan – una enfermedad mental, y ni supiera empezamos a tratarla hasta que está arraigada. Pero si empezamos con antelación y comenzamos a enseñar a mejorar la salud mental, podemos tener un mucho mejor resultado. Podemos tener campañas dirigidas que enseñen a los padres a enseñar cómo lidiar con ansiedad – mediante la respiración, concientizacion, etc. Habilidades que pueden suponer una gran diferencia en su vida y que han demostrado prevenir ansiedad y depresión en nuestros hijos.

Sue Klebold sobre el apoyo al bienestar mental:

Cuando supe que Dylan había escrito en un diario dos años antes de su muerte que se sentía en agonía, quería morirse y se estaba autolesionando, me conmocioné… No podía creer que mientras yo experimentaba lo que parecía una vida normal y plena, él estaba sufriendo tanto. De lo que tenemos que tener cuidado es de que no todo el mundo que experimenta depresión es suicida y no todos los que tienen sentimientos suicidas sufren depresión, es mucho más complicado que eso.

Queremos ser cuidados antes de comenzar la discusión… aún no sabemos lo suficiente sobre los límites que se cruzan cuando alguien está en el camino hacia la autodestrucción, así que debemos ser muy cuidadosos sobre poner toda la culpa en las enfermedad mentales cuando hablamos de tragedias como esta.

Josh Sabey sobre la presión en los padres:

Creo que es mucho más estresante ser padre y preguntarse “espero estar queriendo a mis hijos lo suficiente, espero estar siendo un buen padre…” es mucho más reconfortante sentirse empoderado con cosas que se han demostrado que ayudan a los chicos a evitar problemas comunes como la depresión, la ansiedad y saber que hay cosas que pueden ser enseñadas.

Josh Sabey sobre no hablar de control de armas de fuego en el documental: 

Mencionamos que deberíamos abordar ese tema. No es el enfoque que queríamos darle al documental. Creo que que lo que es una tragedia es que estos temas se han dividido en “o uno o lo otro” en vez de “ambos”, especialmente porque están relacionados. El mayor número de muertes relacionadas con armas de fuego son suicidios. Así que si vamos a prevenir muertes relacionadas con armas de fuego, debemos pensar en los aspectos relacionados con la salud mental. Estos asuntos están relacionados, conectados, pero políticamente han sido separados y eso es malo.

El mensaje de Sue Klebold a las familias:

Creo que el mensaje que he sacado de esto es el que el amor no es suficiente. Pienso que creemos que cuando abrazamos a nuestros hijos y les decimos que los queremos estamos conectando con ellos, pero espero que la gente se dé cuenta de que la experiencia interna de alguien como receptor de ese amor puede ser muy diferente de cómo pensamos que debería ser y lo que intentamos transmitir.

…y aconsejo a la gente todo el tiempo: dejad de hablar y permite a tus seres queridos que sientan lo que sienten, expresen lo que están sintiendo y ayudarlos a lidiar con estos sentimientos. No creo que la mayoría hamos un buen trabajo en ese sentido.

Polémica por sudaderas inspiradas en tiroteos escolares

Publicado: 19 de septiembre, 2019

Una marca de ropa neoyorquina está teniendo que hacer frente a reacciones negativas tras su último desfile. Durante la Semana de la Moda de Nueva York, Bstroy presentó una serie de sudaderas con agujeros de bala en su desfile para primavera/verano de 2020.

Las sudaderas, de aspecto desgastado y con rotos que simulaban agujeros dejados por balas, incluían los nombres de Columbine, donde 13 personas fueron asesinadas en 1999; Virginia Tech, donde hubo 32 víctimas fatales en 2007; Sandy Hook, con 26 en 2012 y Marjory Stoneman Douglas, con 17 muertes en 2018.


Mientras que algunos han elogiado a los diseñadores de Bstroy por llamar la atención sobre el tema de la violencia con armas de fuego, otros han acusado al dúo de intentar beneficiarse de las tragedias.

Brick Owens, uno de los fundadores de la marca, ha contestado a las críticas con un comunicado en Instagram. “Algunas veces la vida puede ser dolorosamente irónica. Como la ironía de morir violentamente en un lugar que consideras un entorno seguro y controlado, como las escuelas. Constantemente se nos recuerda la fragilidad, brevedad e imprevisibilidad de la vida pero también nos damos cuenta de su infinito potencial”.

También añadió que su intención era dar poder a los supervivientes de las tragedias contando la historia a través de sus diseños así como hacer un comentario sobre la violencia con armas de fuego y cuáles son sus orígenes para que se le dé más atención preventiva.

Esta no es la primera vez que una marca ha utilizado los tiroteos escolares en alguna línea de moda. En 2014, Urban Outfitters se disculpó por vender una sudadera de la Universidad Kent State con aspecto sangriento que hacía referencia al tiroteo que hubo en 1970 en su campus en el que cuatro estudiantes murieron y otros nueve fueron heridos por la Guardia Nacional de Ohio mientras estaban protestando contra la invasión estadounidense a Camboya durante la guerra de Vietnam. La compañía finalmente retiró la pieza de su web.

Columbine no será derribado y reconstruido

Por Meg Wingerter / 24 de julio de 2019
Fuente: Columbine High School won’t be torn down and rebuilt, Jeffco superintendent announces 

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La propuesta de demoler y reconstruir el Instituto Columbine a causa de la continua fascinación morbosa que genera debido a la masacre de 1999 no seguirá adelante. Así lo anunció Jason Glass, superintendente de las Escuelas Públicas del condado de Jefferson, en una carta a los padres y los miembros de la comunidad.

Cafetería del Instituto Columbine
Cafetería del Instituto Columbine.

En su lugar, Glass dijo que el distrito escolar añadirá un perímetro alrededor del instituto para prevenir las intrusiones y buscar otras formas de mejorar la seguridad. “Aunque los planes finales aún tienen que ser determinados, nuestro objetivo es crear un aspecto clásico y majestuoso para el instituto del que la comunidad este orgullosa”, dijo.

Glass informó que la encuesta que se lanzó desde el instituto y los comentarios en redes sociales y en todas partes indicaban que la comunidad no apoyaba la demolición. A principios de verano, propuso la idea de derribar el instituto original y construir un nuevo edificio en otra parte de los terrenos con la esperanza de que resultara menos atractivo para personas potencialmente inestables.

“El consiguiente debate tanto local como nacionalmente fue emocional y complejo y quiero expresar mi agradecimiento y gratitud por la forma sincera, respetuosa y civilizada en que estas discusiones tuvieron lugar tanto en la comunidad de Columbine como en otras”, escribió Glass en la carta. “A pesar de que esta idea tiene partidarios y ventajas, también hay preocupaciones válidas. Está claro que no existe una dirección consensuada para reconstruir el instituto”.

Un resumen con los datos de la encuesta muestran que el 57% de las casi 7000 personas que respondieron dijeron que tenían una opinión negativa respecto a demoler el instituto, mientras que cerca del 40% tenían una opinión positiva. Cuando se les dieron una serie de propuestas y se les pidió que dijeran cuáles les gustaban menos, la demolición del edificio fue la opción que menos gustó.

Cuando se les preguntó si votarían para financiar la construcción de un nuevo instituto, el 44% dijo que votarían no firmemente, el 15% se inclinaban por el no. Es difícil estar seguro de si todos los que realizaron la encuesta viven en el condado de Jefferson y serían aptos para votar, pero la respuesta sugiere que cualquier pregunta electoral se había enfrentado a un duro camino.

Entre los comentarios sobre la encuesta se incluían que demoler el instituto sería como rendirse ante los tiradores, que había pasado demasiado tiempo y que otras opciones más baratas, como cambiarle el nombre, serían más eficientes.

Unas 2400 personas que no tenían autorización para estar en Columbine pasaron por el instituto durante el último año, que coincidió con el 20º aniversario del tiroteo, dijo Glass. La más notoria fue una mujer de Florida, supuestamente obsesionada con los asesinos de Columbine, que desencadenó una enorme búsqueda y que provocó que se cerraran cientos de escuelas.

Scott Christy, director de Columbine, en la cafetería del instituto.
Scott Christy, director de Columbine, en la cafetería del instituto.

Scott Christy, director de Columbine, también envió una carta agradeciendo a las familias su participación en el debate y les aseguró que el instituto es seguro – y lo será aun más tras el trabajo adicional.

“Siento encarecidamente que la cantidad de emoción y pasión que fue expresada en esta conversación no habría ocurrido con ningún otro instituto. Este debate ha reafirmado el amor que nuestra comunidad tiene por nuestra escuela, y estoy muy orgulloso y agradecido por ello”, dijo.

Está previsto que el Instituto Columbine reciba 15 millones de dólares en renovaciones, pero no está claro si estos fondos podrían haber sido usados como parte del coste de construir un nuevo colegio, algo que habría requerido de fondos extra.

El defensor más prominente de construir un nuevo instituto fue Frank DeAngelis, director de Columbine cuando tuvo lugar el tiroteo. “Creo que hace 20 años nadie esperaba que en 2019 estaríamos hablando de esta fascinación con el Instituto Columbine”, dijo en junio cuando se presentó la idea.

No hay consenso sobre cómo lidiar con los edificios tras un tiroteo. La Escuela Primaria Shandy Hook en Newtown, Connecticut, fue demolida y reconstruida, pero el Instituto Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida, sigue en pie.

Jeffco optó por algo intermedio, eliminó la biblioteca donde la mayoría de las muertes tuvieron lugar el 20 de abril de 1999, pero dejó el resto del instituto intacto.

El Instituto Columbine podría ser demolido

Por Katie Reilly / 7 de junio de 2019

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Más de 20 años tras el asesinato de 13 personas en el Instituto Columbine, las autoridades están considerando derribar el edificio que dicen ha servido “como una macabra fuente de inspiración y motivación” para futuros tiradores escolares. Y algunos supervivientes de Columbine dicen que están de acuerdo en que podría ser la hora de un cambio.

Fachada del Instituto Columbine
Fachada del Instituto Columbine

En una carta dirigida a la comunidad, Jason Glass, superintendente de las Escuelas Públicas del condado de Jefferson, dijo que el número de personas intentando entrar en los terrenos de Columbine o acceder ilegalmente al instituto ha aumentado a “niveles de récord” durante el último año. “La mayoría están ahí para satisfacer su curiosidad o un macabro, pero inofensivo, interés en el instituto. Sí que hay probabilidad de que otro grupo más pequeño intente causar daños”, escribió.

Más de 150 forasteros aparecen por el instituto cada mes, según el Washington Post. En abril, justo antes del 20º aniversario del tiroteo, una mujer de 18 años que presuntamente estaba “obsesionada” con Columbine obligó a que se cerrasen las escuelas de los alrededores de Denver cuando voló hasta Colorado y compró un arma de fuego y munición. Más tarde fue encontrada muerta, el suicidio fue la causa de la muerte.

Kiki Leyba, quien estaba en su primer año como profesor cuando tuvo lugar el tiroteo en 1999, ha continuado en Columbine desde entonces. Dice que recibiría de buena manera un nuevo edificio tras lidiar con las frecuentes amenazas de seguridad a las que se enfrenta el instituto.

“Sería bonito centrarse simplemente en aprender en lugar de lidiar con amenazas o el tráfico de turistas y la gente que pasa por aquí a tomar fotos o a deambular por ahí”, dice Leyba. “Es un instituto. Y a muchas personas les trae recuerdos, pero no es un museo ni mausoleo. Es una escuela, un lugar para el aprendizaje”.

Pero tras 20 años, dice que también es difícil imaginarse yendo a trabajar a un sitio nuevo.

“Creo que muchas de las personas que se sienten tan emocionales al respecto, no vienen por aquí a menudo, y por supuesto entiendo los recuerdos que tienen asociados. Todos los tenemos”, dice. “Pero es en realidad nuestra comunidad quien ha creado toda esta atmósfera en torno a Columbine. Tiene poco que ver con el edificio. Estoy totalmente seguro de que si estuviéramos en unas nuevas instalaciones, la tradición, el espíritu y todo lo que asociamos con el instituto actual continuará”.

Taquillas en los pasillos de Columbine
Taquillas en los pasillos de Columbine

De muchas formas, el tiroteo de Columbine cambió cómo los directores de las escuelas y los cuerpos de seguridad a lo largo de todo el país reaccionan ante un tiroteo activo, cómo debaten sobre salud mental e implementan medidas de seguridad. Los supervivientes de Columbine se han convertido en recursos para otras comunidades que lidian con tiroteos y en involuntarios expertos en seguridad escolar y trauma. Pero el Instituto Columbine podría seguir los pasos de otras comunidades que han demolido edificios tras un tiroteo escolar.

La Escuela Primaria Sandy Hook en Newtown, Connecticut – donde 20 niños y seis adultos fueron asesinados en 2012 – fue demolida y reconstruida en el mismo lugar. El Instituto Marjory Stoneman Douglas planea demoler el edificio donde 17 personas murieron el año pasado. Tras el tiroteo de Virginia Tech en 2007, hubo debate sobre si derribar Norris Hall, donde la mayoría de la tragedia tuvo lugar. La universidad finalmente decidió renovar y reabrir el espacio, que en la actualidad acoge el Centro de Estudios por la Paz y la Prevención de la Violencia.

“En 1999 no existía ninguna guía sobre qué hacer con un edificio como el Instituto Columbine. Hoy, los expertos en seguridad escolar recomiendan tirar abajo los edificios en los que un tiroteo ha tenido lugar”, escribió Glass en su carta. “Puesto que la fascinación morbosa por Columbine ha estado aumentando a lo largo de los años en lugar de disiparse, creemos que es hora de que nuestra comunidad considere esta opción para el existente edificio de Columbine”.

A menudo es un desafío para las comunidades saber cómo recordar un suceso trágico de forma adecuado sin alentar el “turismo oscuro” o provocar más trauma, dice Timothy Marr, profesor asociado de Estudios Estadounidenses en la Universidad de Carolina del Norte, quien enseña cómo los lugares de las tragedias son recordados y conmemorados en los Estados Unidos.

“Creo que ese es el problema de destruir, demoler el lugar de una tragedia – el suceso que tuvo lugar allí sigue existiendo en la memoria” dice Marr. “No podemos ni debemos olvidar estos lugares de violencia, pero ¿cómo podemos recordarlos de una manera que no continúe causando tramando de algún modo?”.

Cafetería de Columbine vista desde el atrio
Cafetería de Columbine vista desde el atrio

El Instituto Columbine tiene cerca un memorial con conmemoraciones a las víctimas y un muro con citas de miembros de la comunidad. La antigua biblioteca del instituto, donde 10 estudiantes fueron asesinados, fue demolida poco después del tiroteo y transformada en un atrio. Las familias de las víctimas recaudaron dinero para construir la Biblioteca HOPE en otra parte del instituto.

Glass dice que el distrito está considerando construir lo que sería el nuevo instituto cerca de la ubicación actual, manteniendo la Biblioteca HOPE y convirtiéndola en la piedra angular del nuevo edificio y conservando el nombre de Instituto Columbine. Están explorando un plan para pagar el edificio recaudando entre 60 y 70 millones de dólares con un nuevo impuesto sobre el patrimonio.

En 1999, Laura Farber era una estudiante de primer año que se encontraba en la cafetería cuando comenzaron los disparos en Columbine, haciendo que tanto ella como otros estudiantes tuvieran que huir. Recientemente dirigió We Are Columbine, una película documental que la llevó de vuelta al instituto por primera vez desde su graduación en 2002.

Dice que se encuentra indecisa al pensar en el instituto siendo demolido. En un principio le preocupó que derribarlo sería como borrar lo que sucedió allí, pero también se pone en el lugar de los estudiantes y profesores que continúan lidiando con las amenazas de seguridad.

“Una parte de mí piensa que podría ser el momento”, dice Farber. “Mis pensamientos están más con las personas que realmente van al instituto cada día, y pienso que nos estamos aferrando al apego de algo que no está ayudando a los estudiantes, los trabajadores y la comunidad actuales por todo el bombo publicitario que hay alrededor de Columbine”.

Si el instituto es demolido, Farber dice que le gustaría que los supervivientes de Columbine y las familias de las víctimas tengan la oportunidad de visitar el edificio una vez más – algo que fue una gran parte del proceso de curación.

“Al fin y al cabo, es solo cemento”, dice. “Mantener a las personas y el espíritu del colegio. No creo que se pueda borrar eso”.

Muere Austin Eubanks

Publicado: 19 de mayo, 2019
 
Austin Eubanks, de 37 años, fue hallado muerto el 18 de mayo en su casa de Steamboat Springs. Era un reconocido ponente que daba charlas sobre adicción y recuperación a nivel nacional tras haber superado su propia batalla contra los analgésicos tras la masacre de Columbine de 1999. Sobrevivió a pesar de ser herido pero perdió a su mejor amigo en el tiroteo.

La autopsia llevada a cabo por los forenses del condado de Routt desveló que murió debido a una sobredosis de heroína.


“Como uno de los supervivientes heridos del tiroteo de Columbine, la traumática experiencia de Austin como adolescente fue el catalizador de su doloroso viaje a la adicción”, declaraba en su página web. “Desde entonces ha dedicado su trayectoria a ayudar a aquellos que han recurrido a las drogas como resultado del trauma”.

Su muerte fue declarada accidental debido a una “intoxicación aguda por heroína” según el informe de la autopsia. Eubanks tenía un historial de adicción a los opioides así como de abuso de drogas ilegales. Fue su padre quien lo encontró inconsciente el día de su muerte.

“La misma enfermedad contra la que ayudaba a otros a luchar, le ganó la batalla” dijo su familia en un comunicado. “Ayudar a construir una comunidad de apoyo era lo más importante para Austin, y planeamos continuar con su trabajo”.

La familia de Eubanks ha establecido un fondo en su memoria y ya está reuniendo donaciones en AustinEubanks.com. En colaboración con The OnSite Foundation, una organización sin ánimo de lucro que proporciona asesoramiento y educación en salud emocional, la familia va alanzar un programa de terapia para supervivientes de violencia masiva.

“Agradecemos el apoyo a la comunidad. Como podéis imaginar estamos conmocionados y entristecidos, por lo que pedimos que se respete nuestra privacidad en este momento. Austin se preocupaba profundamente por su familia y amigos cercanos y se enfrentaba a una batalla personal cada día para traer luz, esperanza y curación a otros”, palabras de su familia en el comunicado que emitieron confirmando su muerte.

Enseñé en Columbine. Es hora de contar mi verdad.

Por Judith Kelly / 19 de abril de 2019

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Veinte años después del tiroteo en Columbine, una antigua profesora lidia con las señales de advertencia. Judith Kelly es una profesora de lengua y humanidades ya jubilada que enseñó en el Instituto Columbine durante más de 20 años.

Judith Kelly
Este mes, hace veinte años, me estaba escondiendo en el sótano de una casa situada en frente del aparcamiento del instituto en el que daba clases, intentando consolar a los estudiantes que había conseguido hacer salir de la cafetería del centro cuando el eco de los primeros disparos llegó desde más allá de las ventanas situadas al oeste de la sala. Juntos habíamos echado una carrera a la desesperada, primero hasta una de las aulas y luego, cuando parecía que los disparos errantes se acercaban, corrimos al exterior en dirección a la primera casa que pudimos alcanzar. Aquella tarde está grabada a fuego en mi memoria, de esa manera particular y característica de las experiencias traumáticas, y recuerdo bien el momento en que supe cuál era mi lugar en toda aquella historia.

Fue cuando otro estudiante se unió a nuestro estupefacto grupo tras lo que debió ser su propia y horrible carrera a toda velocidad sobre el asfalto. Sabía quiénes eran los perpetradores: Eric Harris y Dylan Klebold, dos de mis alumnos. Aunque conocía a Eric un poco, al oír el segundo nombre fue como si me hubiera caído un jarro de agua fría porque, semanas antes, Dylan había escrito un relato corto cruel y violento. Ese relato es ahora parte de la historia, parte de cómo entendemos las señales de advertencia. Y es por el bien de la historia por lo que escribo esto ahora, 20 años después – porque en los últimos años las mentiras han empezado a reemplazar nuestros conocimientos sobre lo que pasó en Columbine y el porqué sucedió.

Es uno de los rituales de los profesores de lengua y literatura, una tarde domingo y una pila de trabajos sin calificar que hay que superar antes de la mañana siguiente, y eso es lo que estaba haciendo cuando me encontré con la historia por primera vez. Fue pocas semanas antes del tiroteo y, aquel domingo en particular, estaba hojeando los relatos cortos escritos por los alumnos de último curso de mi asignatura de escritura creativa. En ocasiones, los recuerdos se quedan grabados en nuestra consciencia por las fuertes emociones que nos provocan, y cuando llegué al final de la historia, hice una pausa, horrorizada. Dylan Klebold había escrito sobre una “figura parecida a un dios” vestida de negro que mataba a tiros brutalmente a un grupo de estudiantes preuniversitarios. Como profesora de literatura, me percato de los simbolismos. El narrador parecía deleitarse con la violencia gráfica que estaba describiendo, el pasaje final era especialmente inquietante, en él Dylan expresaba una flagrante fascinación y reverencia por el asesino.

“Si pudiera apersonar una sensación de Dios, habría tenido el aspecto de este hombre” escribió Dylan. “No solo lo vi en su cara, sino que también sentí cómo de él emanaba poder, autosuficiencia, consumación y divinidad. El hombre sonrió y, en ese instante, sin que me supusiera ningún esfuerzo, comprendí sus acciones”. En la parte inferior de la hoja escribí: “Me gustaría hablar contigo sobre el relato antes de ponerle nota. Eres un escritor/narrador de historias excelente, pero tengo algunos problemas con esta”.

Esos problemas me inquietaron a lo largo de la noche y la mañana siguiente, y lo primero que hice cuando llegué al instituto fue llamar al asesor académico de Dylan. Dejé un mensaje: Le enseñaría un “trabajo problemático” y hablaría con Dylan sobre mis preocupaciones. Cuando hablé con Dylan sobre la naturaleza y el tono de su espantosa historia, el alto y desgarbado joven se encogió de hombros y me respondió: “Solo es una historia”.

Pero para mí no era solo una historia. Cuando llegó mi primera hora libre, llevé una copia de la misma al asesor y le conté mis preocupaciones. Más tarde llamó a Dylan para hacerle una evaluación y hablaron, salió de la reunión pensando que Dylan tenía planes de ir a la universidad. Por aquel entonces no había una hoja de ruta sobre qué hacer en estas situaciones.

Más tarde tuve la oportunidad de hablar con los padres de Dylan, Sue y Tom Klebold, en una reunión de padres y profesores. Normalmente, debido a nuestro tamaño, el departamento de lengua se reunía en la cafetería. Ese año, sin embargo, se nos asignó el pasillo de ciencias, donde tan solo una semanas más tarde mi compañero Dave Sanders – que salvó mi vida y la de cientos más reconociendo aquellos primeros disparos como lo que realmente eran e irrumpiendo en la cafetería para avisarnos – sería herido de muerte, quizá por el propio Dylan. (Puesto que Dave presentaba dos heridas con orificios tanto de entrada como de salida y se encontraron casquillos de ambos asesinos en el pasillo, es imposible determinar quién lo mató).

Estaba sentada en un pequeño pupitre cuando los Klebold vinieron a hablar conmigo. Debido a que nunca había leído un trabajo de ningún alumno parecido al de Dylan, recuerdo claramente que lo primero que les dije fue: “Os tengo que hablar sobre una historia que ha escrito Dylan”.

Recuerdo la palabra que utilicé para describir el horror que sentí cuando leí el trabajo de su hijo: visceral. Les hablé del contenido de la historia, las alarmantes imágenes de la gente siendo acribillada a balazos. Les hablé del estilo perturbador. Les conté que había hecho una copia y se la había dado al consejero académico de Dylan, quien también estaba en la reunión.

Recuerdo sentirme consternada cuando el señor Klebold inmediatamente cambió la conversación a un debate intelectual y filosófico sobre los adolescentes de hoy en día. Recuerdo que me sorprendió que no me preguntaran más. Debido a mi fuerte preocupación por el relato de Dylan y a lo firme que fui al respecto, recuerdo haber tenido la expectativa de que al menos hablarían con el consejero aquella noche.

Tras el tiroteo, compartí mis aún recientes recuerdos con los cuerpos policiales. Primero con un policía local en el amparo de aquel sótano, mientras el equipo SWAT aún estaba en el instituto y el caos nos rodeaba por todas partes, y más tarde con el FBI y la Patrulla Estatal. Mis recuerdos están ahí en los documentos oficiales, escritos a a mano por mí y también en las palabras de los agentes: “(Judith Kelly) También declaró que habló detenidamente con los padres de Klebold sobre una historia inquietante que había entregado. Declaró que no parecieron preocupados e hicieron un comentario sobre intentar entender a los chicos hoy en día”.

Solo la verdad puede traer la curación y el entendimiento necesarios para buscarle sentido a lo que sucedió en Columbine. Escribo ahora, a regañadientes pero también sintiendo que no tengo otra alternativa, en espíritu de la verdad – por el bien de la historia y, más personalmente, por Dave Sanders, por mis estudiantes Anne Marie Hochhalter y Richard Castaldo que resultaron seriamente heridos, por Lauren Townsend, a quien una vez hice de guía en un viaje escolar, y por todas las demás víctimas del 20 de abril de 1999. Escribo por mis propias hijas, que vivieron mi desolación por la tragedia y luego cargaron con mi incredulidad y desesperación al leer y escuchar la historia revisionista de la madre de Dylan, quien no solo reescribe lo que de verdad sucedió hace 20 años, sino que ha ido cambiando cada vez que la cuenta.

La señora Klebold ha soportado lo insoportable, y fue difícil no simpatizar con una madre en un duelo como el suyo. Pero no estaba preparada para leer su versión de nuestra reunión, publicada en la revista O en 2009, una década después del tiroteo. En ella escribió que en la reunión entre padres y profesores no describí los contenidos de la historia que me estremecido tanto, y que me había limitado a decir que era “perturbadora”. En esta versión, la madre de Dylan asegura haber pedido una copia que nunca recibió. Estaba estupefacta. Desde el momento en que leí el relato y me pareció problemático, le entregué una copia del mismo al asesor de inmediato, antes de que los tres siquiera nos hubiéramos sentado a hablar. También me habría asegurado de proporcionarles una copia a ellos si me la hubieran pedido.

Me volví a quedar estupefacta cuando la señora Klebold apareció con una colección ampliada de declaraciones en su autobiografía de 2016, A Mother’s Reckoning: Living in the Aftermath of Tragedy. Ahora la madre de Dylan recordaba que tanto ella como su marido solo habían “preguntado por los detalles” de la historia en lugar de por la propia historia. Asegura que describí el relato como “impactante” pero me abstuve de ir más allá, diciendo solo que “contenía una temática oscura y algunas palabrotas”. Escribe que, en lugar de proporcionar cualquier detalle, tomé la extraña decisión de explicar qué es y qué no es apropiado en una historia corta – explicando qué estaba tan mal en el contenido de la redacción de Dylan – describiendo el contenido de otro trabajo completamente diferente realizado por otro estudiante totalmente distinto: Eric Harris. Yo nunca habría conversado con ningún padre sobre los escritos de otro estudiante de esa manera, simplemente por una cuestión de ética.

A Mother’s Reckoning continúa planteando que los Klebold me preguntaron si debían preocuparse – y sostiene que dije que “creía que todo estaba bajo control”, que había pedido a Dylan que reescribiera la historia y que “planeaba mostrar la original al asesor académico de Dylan”, de nuevo contradiciendo lo que tanto yo como el asesor testificamos que había sucedido. En el libro se dice que les prometí que llamaría si pensaba que el relato suponía “un problema”, a pesar de que ya lo había pensado y ya se lo había dicho desde un principio. Según la explicación de la propia señora Klebold ya les había contado todo eso.

Todos estos años he permanecido en silencio pero profundamente dolida. No tengo ninguna razón para no ser más que sincera, y algunos de los momentos más benévolos de la narración de la señora Klebold sí que sucedieron: en reuniones hablé con la pareja sobre una novela que le había enseñado a su hijo, Oración por Owen de John Irving – un libro que me encanta y uno de los más importantes sobre los que he dado clase. En él, Irving escribe: “Si algo te importa tienes que protegerlo”. Ahora, en el 20º aniversario de la tragedia de Columbine, escribo esta rememoración porque me preocupo por la verdad y debo protegerla – tanto para mí misma como para el registro histórico, mientras que como país continuamos luchando contra la proliferación de estos horribles tiroteos. Tengo dolorosos recuerdos de asistir a los funerales de las víctimas, de hablar en el de Dave Sanders “en nombre de los estudiantes que estaban en la cafetería” y de darle las gracias a su familia por su valentía. Lloré la muerte de Lauren Townsend, quien había estado a mi cargo cuando acompañé a un grupo de estudiantes a las islas británicas. Lloré la muerte de los que habían fallecido y recordé con gran tristeza mi encuentro con los Klebold.

Durante el año siguiente, Anne Marie Hochhalter, cuya madre se suicidó tras el tiroteo, estaba sentada en su silla de ruedas en mi clase de humanidades. Estaba allí con Richard Castaldo, también en una silla de ruedas, mientras estudiábamos Hamlet y Mozart, Dante y danza, cultura de élite ante el sufrimiento. Ayudé al instituto a pedir un ordenador con reconocimiento de voz para Richard, me senté después de clases mientras uno de mis alumnos lloraba al ver aquellas sillas de ruedas y por haberse marchado durante la hora del almuerzo el día del tiroteo. Sentía que podría haber sido un defensor, el caballero arquetípico, de haber estado en el instituto. Nunca olvidaré a ese joven cuya angustia también está grabada en mi memoria. Continué enseñando en Columbine durante otros siete años y me marché después de más de dos décadas allí, sacando fuerzas de mis estudiantes mientras también los reconfortaba, todos aún traumatizados por lo que habíamos presenciado pero curándonos juntos.

“Columbine” ahora es una marca, un indicador, un símbolo, un suceso, un verbo, una metáfora, una etiqueta. Definitivamente fue el acontecimiento que cambió todo y puso en marcha la discusión sobre el protocolo para los tiroteos escolares – lo que la madre de Dylan llama directrices de “evaluación de amenazas”. Y escribo hoy no para culpar, sino para aportar otra voz para aquellos que, en el futuro, estudien la violencia escolar. Escribo para proteger la verdad, porque “Columbine” es ahora parte de la historia, y para hacerle justicia a aquellos que murieron y a aquellos que aún viven con ese dolor, nunca debemos apartar la mirada de todas sus realidades.

– Judith Kelly

"Columbine acabó con mi carrera" – Marilyn Manson

Por Alexis Petridis / 21 de septiembre de 2017

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(…) Además, está orgulloso de su nuevo álbum, del que dice que “trata sobre la confianza, de creer en uno mismo más que nunca, que es algo que podría haber perdido a lo largo del camino”. También está furioso, melodramáticamente, con su sello discográfico por sugerirle que sacara una versión censurada para las tiendas Walmart de Estados Unidos. “Niega su legitimidad. Si tus padres te dan dinero para comprar la versión censurada de mi álbum en Walmart, también podrías ir allí, comprar una pistola en vez del disco, tomarla con tus propias manos y hacer lo que quieras”.

Marilyn Manson Columbine
Marilyn Manson

Al escucharlo hablar, es tentador preguntarse si añora la época en que era el enemigo público número 1 del rock estadounidense, la principal fuente de indignación para las organizaciones conservadoras. Es fácil olvidar cuánta controversia logró causar Manson a finales de los 90, cuando su nombre fue vinculado a la masacre de 1999 en el Instituto Columbine de Colorado, ya que se afirmó – erróneamente como resulto ser – que los perpetradores eran seguidores del artista.

Se entusiasma con el punto anterior. “Dadles el dinero y dejad que hagan su propia elección: armas o discos. Si los asesinos de Columbine tan solo hubieran comprado mis discos, habría sido mejor. Ciertas personas me culpan por los tiroteos escolares – creo que mis cifras son bajas, pero espero que aumenten con este álbum”. No queda claro si se refiere al número de tiroteos o de personas que lo culpan, pero es una provocación en cualquier aso. “Esa va a ser una gran cita destacada para ti. Pero, sinceramente, la era de Columbine destruyó toda mi carrera por aquel entonces”.

Sin embargo, ya estaba poniendo los pelos de punta mucho antes de Columbine. En Reino Unido, su primer álbum exitoso, Antichrist Superstar, fue en gran medida visto como glam metal extremadamente entretenido, siguiendo el estilo gótico de Alice Cooper. En los Estados Unidos, por otro lado, los conservadores religiosos parecieron creer que realmente era una especie de emisario de Satán. Una sucesión de testimonios jurados dementes en la página web de la American Family Association aseguraban que sus conciertos involucraban zoofilia, altares satánicos, violaciones rituales y la distribución gratuita de drogas. Algunas ciudades amenazaron con aprobar una legislación que le prohibiera actuar en propiedades estatales; escuelas de Florida amenazaron con expulsar a los estudiantes que acudieran a sus espectáculos y el estado de Carolina del Sur terminó dándole dinero – $40,000 dólares – para que no tocara allí.

“Bueno, me lo busqué”, asiente. “No puedes grabar un disco llamado Antichrist Superstar y no esperar que la gente te odie. Pero quería hacer algo que marcara la diferencia. Quería dejar huella en el mundo, como mis héroes: Salvador Dalí, Jim Morrison. Sabía que habría gente se lo tomaría al pie de la letra y que habría otros que captarían la verdadera esencia, y que sería esa dicotomía la que provocaría el caos”.

Tras Columbine el caos se intensificó aún más. No solo hubo protestas y piquetes en sus conciertos: durante el tour del Ozzfest en 2001, recibió amenazas de muerte a diario; “cientos” cuando actuó en Colorado. “Salía al escenario, rompía botellas de cerveza, me hacía cortes y decía ‘¡Que os jodan! ¡Venga!’, – tengo cicatrices por todo el pecho – puedo enseñártelas. Me lanzaba a la multitud y me liaba a puñetazos. Esas personas ni siquiera tenían la culpa. Pero mi padre me dio el mejor consejo: ‘Si alguien te fuera a matar, hijo, no te lo dirían por adelantado’. No, no echo aquello de menos, para nada. Molestó a todos los que estaban a mi alrededor. Y descubrí que los perros policía que utilizan para detectar bombas también detectaban drogas. Así que cuando había amenazas de bomba me era muy difícil esconder mis narcóticos”.

Pero aquello no destruyó su carrera, a pesar de lo que dice – aún llena estadios por todo el mundo y ha aprovechado su notoriedad para iniciarse en el mundo de la interpretación en series estadounidense como Salem y Sons of Anarchy, haciendo los papeles de “un barbero asesino y un racista pedófilo. Encasillado”.

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Relacionado: "Columbine: ¿De quién es la culpa?" por Marilyn Manson.


Imágenes bloqueadas

Desde que cree este blog en 2009, he estado utilizando la web Photobucket para subir las imágenes, el servicio que ofrecía Blogger para subida de fotos era un poco caótico en ese momento y opté por usar esta web que me permitía mantener un archivo de todas las imágenes que subiera y clasificarlas fácilmente.

Pues bien, a lo largo de esta semanas y sin previo aviso, Photobucket, que nació como una web para almacenar y compartir imágenes, ha decidido que ya no permitirá compartirlas de manera gratuita. Todas las fotos alojadas en la web desde su creación en 2003 y que están insertadas en millones de páginas y foros por todo Internet han sido bloqueadas y sustituidas por un aviso en el que se comunica al usuario que debe “actualizar su cuenta”.

 
En realidad, esta “actualización” es un ultimatum: si quieres que las imágenes sean desbloqueadas debes subscribirte al plan que te ofrecen y pagar $400 dólares (350€) al año para poder seguir disfrutando de sus servicios.

Este blog no es más que un hobby, por decirlo de alguna manera, al que dedico algunos de mis ratos libres y del que no saco ningún beneficio. A pesar de que la cantidad de visitas aumenta cada día, he decidido mantenerlo libre de publicidad aunque se me ha ofrecido insertar anuncios, puesto que determinada publicidad suele llegar a ser molesta en algunos blogs.

Obviamente no voy a pagar absolutamente nada a Photobucket, cuya estrategia de bloquear/secuestrar todas las imágenes como si estuvieran reteniendo rehenes me ha parecido muy poco profesional y de mal gusto.

A lo largo de estas semanas tendré que ir resubiendo todas las imágenes que pueda recuperar a diferentes servidores, será una tarea larga y no sé cuánto tiempo me llevará, así que pido disculpas a todos los lectores.

Actualización (11 de julio, 2017): Imágenes recuperadas. Si veis el mensaje de error de Photobucket (la imagen de arriba) en algún lugar del blog, avisadme en los comentarios para poder corregirlo.

Gracias por leerme y un saludo.

Dieciocho

Por Kevin Vaughan / 19 de abril de 2009
Fuente: Family is “forever grateful” video gives voice to memory

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Un día a principios de diciembre de 1999, siete meses después de que la bala de un asesino matara a su hijo en el exterior del instituto Columbine, Sue Petrone se giró hacia su marido Rich y le dijo: “Desearía poder oír la voz de Danny una vez más”.

Danny Rohrbough era su hijo, un quinceañero de sonrisa encantadora y extravagante sentido del humor. Había sido uno de los primeros en morir el 20 de abril de 1999, cuando Eric Harris y Dylan Klebold atacaron el instituto con armas y bombas.

Un día o dos después de que Sue pronunciara su deseo, sonó el teléfono. La llamada, y el regalo que supuso, la harían estar agradecida por siempre.


Richard Petrone selecciona algo en su ordenador portátil. Un segundo después, la pantalla parpadea y un vídeo de 42 segundos de duración da comienzo. La cámara hace un movimiento de barrido mostrando unas escaleras de cemento situadas en el exterior del lado sudoeste del instituto antes de enfocar a un chico sentado en el extremo superior de las mismas.

El chico es Danny.

Lleva unas zapatillas Nike, pantalones vaqueros y una camiseta Sony de color verde. Es un día soleado en agosto de 1998. Ocho meses antes de que muera al pie de esas mismas escaleras, llevando esa misma camiseta, durante la locura que se desató el 20 de abril de 1999.

La cámara se acerca a él.

“¿Puedo hacerte unas preguntas?”

“Claro”, dice Danny.

“¿Sueles usar las máquinas expendedoras?”

“Algunas veces”, responde.

“¿Y por qué las utilizas?”

“Bueno, porque no me apetece tener que hacer cola para comprar comida”, contesta.


El que fue por entonces el peor tiroteo escolar de la historia estadounidense comenzó sobre las 11:19 de un martes.

Danny salió por una de las puertas de la cafetería de Columbine con una lata de refresco. Los dos asesinos, con armas sujetas por correas alrededor de sus cuerpos y con los bolsillos de sus pantalones cargo llenos de bombas caseras, se encontraban en lo alto de las escaleras.

Golpeado por las balas mientras caminaba, Danny cayó sobre el pavimento y murió.

En medio del caos de los primeros boletines de noticias, Sue, Rich y el padre de Danny, Brian Rohrbough, corrieron al colegio Leawood, lugar al que se estaban llevando a los estudiantes evacuados de Columbine en autobuses escolares para que pudieran reunirse con sus padres.

Los autobuses dejaron de llegar y la tarde se fue convirtiendo en noche.

Ya era por la mañana cuando supieron con certeza lo que había pasado, una de las fotografías del periódico mostraba a Danny tendido en el suelo, muerto.


Años después, Sue aún recuerda aquella llamada con claridad.

La hizo Bethanee Scott, cuya hermana Rachel también había sido asesinada en Columbine. Ella y otros familiares estaban revisando cintas de vídeo. Una de ellas parecía ser algo que Rachel había grabado en el instituto, y cuando Bethanee le echó un vistazo, reconoció a Danny y llamó a Sue.

Sue y Rich corrieron a ver la cinta. Tras el visionado, el deseo de Sue quedó concedido. Tenían otros vídeos de Danny, pero habían sido grabados cuando era mucho más joven.

Este era especial. Mostraba la quintaesencia de Danny al final de su demasiado breve vida. Joven, inocente y feliz.

“Plasma toda su personalidad, ¿verdad?” pregunta Rich. “Quiero decir, él era así. Este era él”.


Esta página está dedicada a todos aquellos que resultaron heridos o murieron en el tiroteo que tuvo lugar en el instituto Columbine en Littleton, Colorado, el 20 de abril de 1999. Esta web trata sobre los hechos que tuvieron lugar ese día, da una escueta mirada a la realidad de las acciones de Eric Harris y Dylan Klebold y las consecuencias que éstas tuvieron.

Si has llegado aquí buscando información sobre la masacre del instituto Columbine porque estás investigando o simplemente porque quieres saber lo que pasó, sé bienvenido.